Empiezo a contar mi vida desde el momento en que conocí a mi pareja, así os evito lo de como aprendí a montar en bici y esas cosas que no interesan mas que a uno mísmo ... por cierto creo que me solté en una cuesta abajo .... ejem, perdón.

Yo tenía quince añitos, el principe azul dieciseis ... ¡qué historia tan bonita! ...

A los dieciocho, como buena coneja, me enteré que los actos tienen consecuencias y que un pedazo de capullo llamado Ogino no tenía ni idéa de lo que hablaba.

Urgía poner una solución, tras varios saltos sin consecuencia ... (de lo que me alegro infinitamente) nos enfrentamos a la dificil taréa de informar a ambas familias.

Fué terrible, una pesadilla en la que todo el mundo me culpaba a mí en especial ... sin tener en cuenta que el pesado había sido él; siempre estaba metiendo mano e insistiendo, y claro ... una no es de piedra.

Nos prepararon una habitación en casa de sus padres, la amueblamos con el dinerillo que nos dieron de regalitos ... y nos casamos. Felices, llenos de amor al salir de la iglesia los poquitos "invitados" se vinieron a cenar a un auto-servicio dónde cada cuál llevaba su bandeja y pagaba lo suyo.

Tras el viaje de novios a Palma de Mallorca, nos instalamos en nuestros ocho metros cuadrados.

A partir de ahí, mi vida se convirtió en algo parecido a una peli de terror: empecé a conocer de verdad a mi cuñada, su única hermana diez años mayor que yo .... (continuará, o no ... según me encuentre de afectado el coco)